Emprendimiento Femenino

Cualquier persona  puede dedicarse a cualquier actividad con relativo éxito. No obstante, tal como sucede a  la hora de seguir una carrera política, ser policía o médico, la historia familiar, personal,  y el talento        individual  nos inclinan hacia algunas actividades por sobre otras. Los gustos personales determinan en gran  medida el volumen de personas que quiere dedicarse a una actividad.

Un reciente estudio que la Universidad del Desarrollo hizo en 7 colegios técnicos de Puerto Montt,  arrojó que las mujeres declaran, en promedio, ver menos oportunidades  de negocios que los hombres. Consistentemente, 10% más de alumnos de 4to medio de sexo masculino declara ver oportunidades de negocios, tener las habilidades necesarias para emprender, y  querer  comenzar un negocio algún día. ¿Son los hombres inherentemente más emprendedores que las mujeres?

El porcentaje de personas que quiere emprender en un país ronda el 15%. Ello ha sido demostrado a lo largo de los años por la encuesta GEM, que se aplica en más de 40 países. La encuesta GEM también ha demostrado que los hombres inician más negocios que las mujeres y que las mujeres tienen menos intensiones de emprender (algún día) comparado con los hombres.

A la hora de esbozar algunas explicaciones sobre por qué el género masculino se interesaría más en los negocios que las mujeres, pienso en los estereotipos sociales, los modelos sociales, y el rol de cada género en el sistema social. El estereotipo de la “persona de negocio” suele pintarse como un ser agresivo, calculador, racional y arriesgado. Todos atributos más asociados al hombre que a la mujer. Los modelos sociales de emprendedores suelen ser hombres como Bill Gates, Steve Jobs,  Larry Paige, o el conejo de  “Nut 4 Nuts” en Chile. Pocas mujeres aparecen en los medios y rara vez se usa el caso de una mujer para enseñar emprendimiento en la Universidad. Por otro lado, hay evidencia en las ciencias sociales para decir que el género femenino tiende más al pensamiento concreto y que, comparado con el hombre, la mujer se siente más cómoda comprometiéndose con proyectos factibles que con visiones grandilocuentes. La mujer, dirá el sentido común, está en este mundo para hacer que el hombre mantenga los pies en la tierra. De lo contrario, ¡qué van a comer los niños!

Si bien la mujer es menor arriesgada que el hombre, intuyo que la socialización que reciben las mujeres es el factor principal que explica por qué las mujeres se interesan menos en el emprendimiento.  Una evidencia en esta dirección es la tasa de mujeres envueltas en actividades de micro emprendimiento, es decir, las empresas de subsistencia. El número de mujeres aumenta considerablemente si solo tomamos el segmento microempresas. Por ejemplo, en Fondo Esperanza, un banco chileno de microcrédito, las mujeres representan el 90% de las 30 mil socias del Banco. Si pensamos en los negocios de comida rápida (carritos de sopaipillas, papas a la huancaína, jugo de coco, etc.) repartidos por Latinoamérica, veremos que son las mujeres quienes salen a la calle a vender sus productos cuando es necesario sobrevivir.

El emprendimiento no consiste en ser un soñador arriesgado. Todo lo contrario, emprender con éxito requiere organización, trabajo duro, riesgo controlado, y mucho amor. Todos atributos que encontramos con frecuencia más en ellas que en ellos. Si queremos más mujeres envueltas en negocios tenemos que preocuparnos de integrar mas mujeres emprendedoras como modelos sociales. De lo contrario, las niñas de Puerto Montt van a seguir creyendo equivocadamente que el emprendimiento “es cosa de hombres”.

Por Carlos A. Albornoz

Carlos Albornoz es sicólogo, magister en negocios, y candidato a doctor en emprendimiento. Actualmente es profesor investigador en el Entrepreneurship Global Research Monitor de la escuela de negocios de la Universidad del Desarrollo

Fuente: www.revistamacarena.cl

Facebook

Twitter